A todo color, tiene candencia, fuego y sabor ….Con el ritmo hasta en la mirada, se vive y se siente a Jesús Catalá: cubano, músico experimental, hijo de Vulcano, la conga más caliente, “Guasantiaguero”, por la mezcla entre Santiago y Guantánamo heredada de sus padres, de sangre mulata y espíritu universal.
Hace once años llegó a Madrid no sólo para vivir de la música sino para vivir en ella, que según sus propias palabras, lo excita, transforma, satisface... La percusión lo transporta, al igual que la historia, que la vive, la sufre y le apasiona. Católico, evangelista, mormón, testigo de Jehová, musulmán y judío, todo lo ha experimentado. Marx, la revolución cubana, el hip hop, la poesía, el diseño de modas, el mar, las frutas, el amor… se conjugan con sobresalto en su filosofía de vida. “En Cuba me apodaban ‘loquito’, por mi manera de combinarlo todo. Mi estilo no se ajustaba a los cánones. Es más, hasta me llevaron preso por tocar música americana con mi batería en la puerta de casa, vestido con una capa”, cuenta.
…Y su alma, que impregna todo lo que hace, lo impulsó a volar a Madrid, en busca de su verdadero yo, sin olvidar que el ideal de La Habana merecía ser soñado. Su arte necesitaba trascender, sobre todo después de haber estudiado durante 18 años música en el conservatorio de Santiago de Cuba, con el rigor que ello implicaba, y de haber tocado para grandes músicos como Manolín, conocido popularmente como “el médico de la salsa”. Sin lugar a dudas, la capital de España era el lugar perfecto para que su talento se fundiera con la variedad musical que se estaba gestando a finales de la década los noventa.
“Madrid y fusión son lo mismo, al igual que alma y música”. Bajo esta premisa su carrera musical evolucionaba. Del parque El Retiro, su improvisado lugar de ensayo, hasta donde ha llegado actualmente, tocando con artistas de la talla de José Merce, Victor Manuel, Sergio Dalma, Azúcar Moreno, Raphael, Giovanotti, Jerry Gónzalez, Succhero, entre otros, hay un camino largo, lleno de anécdotas. Catalá recuerda cuando iba a los diferentes bares de la ciudad pidiendo presentarse con su propio grupo de percusión.“El dueño de un garito me dijo: no te he visto ni sé quién eres, pero vas a tocar aquí. Quedaron tan contentos con mi trabajo, que participé como percusionista en un homenaje a Pablo Neruda, en el que también cantó Victor Manuel”, apunta.
Ahora su energía se concentra en dirigir su grupo de música Di´Anjá, palabra africana que significa felicidad, en el que fusiona flamenco, bulerías, rumba, tango, hip hop, funk y música afrocubana. También participa en un proyecto musical con el compositor cubano Amet Torreciela, llamado Mixturin, mezclando bases afrocubanas con jazz.
En definitiva, Jesús Catalá, para quien crea y no crea en aquello que es invisible, es fuerza, es ritmo, un rapeo del alma, el verso de un tambor.
